Y era de madrugada...
Me surgiste de un azul espeso,
recogiendo todos mis sentidos.
El vino que emanaba de tu boca cantautora
de riquísimo embrujo,
despertaba en mi el placer más turbulento.
Y era de madrugada...
Tus hechizos de luna
has vertido sobre mi:
extraño, pasional y paradójico amor.
Sin darme yo cuenta,
me elevas al éxtasis del sueño
para perder el norte en el más fogoso calor,
empujandóme al más pérfido y aberrante empeño.
Y era de madrugada...
con una gran variedad de colores,
me ha cegado cual niña pequeña
entre el magnánimo sol
que irradian tus ojos
y la fecunda en ardides lluvia,
que prueba el verde amazonas
de tu eterna juventud inundada.
Y era de madrugada...
la más barroca muerte,
cayendo en un estado de cuerpo y alma,
de augurios indolentes y acechantes.
Por los cuatro costados sin pena ni gloria,
un denso vacío inerte.
En estos momentos me doy un giro,
me encamino a la más retórica y hermosa nada.
Y era de madrugada...
M.F
