En la sociedad actual ha ido creciendo la cantidad de personas que dan una
gran importancia a los aspectos físicos del cuerpo, en detrimento de lo que
hace referencia al espíritu.

Particularmente opino que la belleza humana llega mucho más allá de unos
cánones en boga, y está en la aceptación del físico, tanto el personal, como el
de los demás.

Personalmente, no se me pasaría por la cabeza operarme de nada, aunque si
seguir una vida saludable en la que cabría el cuidado físico, pero poniendo más
énfasis en la salud que en lo que hace referencia a los aspectos meramente
físicos.

Soy de la opinión que, de todas maneras, cada uno puede hacer con su cuerpo
lo que más le guste, y no se me ocurriría oponerme a que nadie se operara
tantas veces como quisiera y de todo lo que quisiera, mientras ello le hiciera
feliz.

Hay que considerar también que no siempre los resultados de las operaciones
son satisfactorios, pues aunque puedan ser correctos, que a veces no lo son, no
siempre pueden ser del gusto del usuario. Cuántas veces se da el caso de la
persona que se opera la nariz y luego no se agrada con la que se le ha “puesto”
en la operación.

Debemos tener también en cuenta, en descarga de las personas que no se aceptan
físicamente, que en la sociedad actual existe una gran presión hacia el culto
al cuerpo, y que es la sociedad la que empuja a muchas personas que no entran
en el arquetipo físico aceptado a no asumirse tal cual son y buscar en la
medicina estética la solución a la baja aceptación de su físico. El caso más
importante de ellos es el de los obesos. La obesidad no está bien vista en la
sociedad y está bien que la gente se cuide, pero sin llegar a extremos como el
de la anorexia.

Finalmente me gustaría tratar la vertiente económica del asunto, ya que la
medicina estética mueve muchos millones y ello empuja a las empresas que se
dedican a ello a conseguir clientes, prometiendo una felicidad artificial a
cambio de pagar el precio de las operaciones.

En definitiva, culto al cuerpo sí, siempre y cuando sea una opción personal
meditada y asumida y esté dentro de unos límites que no obsesionen a la
persona.